Los profesores de enseñanza primaria, secundaria y bachillerato están sometidos cada vez a mayor presión para que se centren en objetivos externos, bajos las directrices y la cultura de enseñar para aprobar los exámenes que tanto predomina actualmente en la enseñanza.

Se atiende casi exclusivamente a la información y a los datos, con el loable propósito de transmitir a las nuevas generaciones más conocimientos y una mayor comprensión.

Sin embargo, aunque esta propuesta de educación puede ser eficaz para algunos estudiantes, hay muchos otros que se encuentran cada vez más estresados, alienados y con rechazo hacia el aprendizaje. Se podría decir que la cultura dominante en la enseñanza está generando una crisis de salud pública, en el sentido de que la salud de las próximas generaciones depende de una serie de habilidades y de competencias que, hasta hace poco, ni siquiera se consideraba que se debieran aprender en la escuela.

Los niños suelen estar demasiado ocupados, tal como lo estamos los adultos. Tenemos que asimilar muchos estímulos. Se producen constantes cambios a nuestro alrededor y para poder estar bien consigo mismo en estos tiempos es bueno ser capaz de relajarse y de adquirir habilidades para que una “cabeza llena de ideas” pueda sosegarse.

Muchos padres expresan su preocupación porque sus hijos no consiguen dormir, les cuesta concentrarse y a menudo se sienten inquietos. Tienen la cabeza llena de dudas.

El “botón de inicio” funciona, pero ¿dónde está el “botón de parar”?

Cada vez son más las escuelas que solicitan la implementación de cursos de mindfulness para trabajar la vida interna de los alumnos. Gracias a su contacto con el mindfulness cuando son muy jóvenes, los niños desarrollan su mundo interior junto con todo el conocimiento y las competencias externas, aprendiendo a estar a gusto siendo quienes son, a calmar su mente y su cuerpo y a cultivar la autoconciencia, la inteligencia emocional, la confianza y la resiliencia ante cualquier tipo de estrés.

Se han realizado múltiples investigaciones que han evidenciado los beneficios y la eficacia de los programas impartidos entre niños de las diferentes etapas educativas que hacen aconsejable la implementación de estos programas desde las primeras etapas educativas, siguiendo un proceso continuo de aprendizaje.

Entre estos estudios, resulta especialmente relevante el que presentaron en 2008 los investigadores Shapiro, Brown y Astin, con el que demostraron la efectividad de un programa de mindfulness en el entorno académico en estas tres áreas principales:

  • El desarrollo cognitivo y académico.
  • La gestión del estrés.
  • El desarrollo personal de alumnos y profesores

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